Imagen de "Wikimedia Commons"
El astronauta de la misión Artemis 2, Victor Glover, dio testimonio de su fe con la Biblia en órbita y afirmando, antes de su inicio de tan extraordinario viaje espacial que “Necesitamos a Jesús, ya sea aquí en la Tierra o en órbita alrededor de la Luna”.
Expresar la perspectiva religiosa de quien se embarca en una misión espacial no es nuevo, pero sí relevante de la relación entre lo que se observa y la cosmovisión del observador cuando éste se halla en un lugar tan especial como una órbita terrestre o lunar, cuando se está realmente fuera de "casa".
Nikita Jrushchov dijo "Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a ningún Dios allí" (no habiendo grabaciones, se discute si el propio Gagarin dijo eso; en cualquier caso, no parece que lo haya desmentido, cosa complicada en esos tiempos). John Glenn, que orbitó la Tierra, lo percibió de otra forma: “Mirar a este tipo de creación y no creer en Dios es para mí imposible”.
Dios no es demostrable a otros por astronautas ni por científicos, pero sí asumible personalmente como creencia y sentido de fundamento existencial. Si no se es agnóstico, asumir la existencia de Dios o negarla admite variedad de grados, modos e implicaciones.
El contenido de este blog ha ido abarcando, entre otras temáticas, la personal perspectiva de su autor sobre la fe, algo que ha sufrido pequeños cambios desde el inicio del blog. Supongo que, descartando cualquier afán proselitista, es habitual que, tanto si uno es creyente como si es ateo, incurra en el deseo de expresarlo. Tal vez sea así porque, en cierto modo, le va la vida en ello. La imagen aquí recogida me recuerda la belleza de una serie algo antigua, "Cosmos", cuyo autor, Carl Sagan mantuvo su perspectiva atea hasta el final de su vida. Isaac Asimov también fue inmune a oraciones por él al fin de sus días.
No es fácil ser creyente ni lo es ser ateo, y se da una amplia variedad de modos en ambas posiciones. John Gray escribió un interesante texto sobre "Siete tipos de ateísmo". Es también muy variable la relación entre creencia y biografía, dándose "conversiones" entre posiciones antagónicas.
Escribo esta entrada desde el impacto que me produjo la imagen de la Tierra desde la órbita lunar, similar a las fotografías tomadas desde el mismo suelo lunar por Armstrong y Aldrin en la misión Apollo 11 de 1969. Un impacto visual que me evoca otros ocurridos desde mi adolescencia y que tuvieron que ver con la mirada científica en general, principalmente física y biológica. Estudiar era mirar a la belleza de la complejidad, del juego de legalidad física y contingencia, a la inconcebible pero real grandeza del universo. Y, a veces, algo como la maravilla de una simple mitocondria suponía un instante sencillamente extático, de tal modo que la existencia de un Dios estético y amoroso se convertía en evidencia esencial, acogedora, suficiente.
A esa evidencia se sumó la fascinación por el Jesús de los Evangelios como referencia fundamental ante la vida y la muerte, es decir, ante la vida (como diría François Cheng). Esta perspectiva, que considero un don, más que el resultado de indagación histórico – teológica, ha permanecido, a pesar de avatares biográficos que todos sufrimos de un modo u otro y hacen que el problema de la Teodicea surja con una frecuencia prácticamente inexistente en la juventud.
Gracias a Dios, tengo muy buenos amigos ateos, que curiosamente enriquecen desde su óptica mi limitada fe cristiana, mi confianza en la Belleza.
Ver nuestro planeta así, pequeño y hermoso (a mayor distancia sería un punto azul en el cielo, como diría Sagan) detiene el pensamiento, dejando sólo que hable la mirada a un lugar de tantos, pero el único del que a día de hoy sabemos que alberga vida y consciencia y, sobre todo, belleza.
Es esa belleza, observable a todos los órdenes de magnitud que la tecnociencia permite, es la belleza en general del universo observable y de la vida que alberga un poco de tierra, un pez, una flor, del vuelo de las aves y sus migraciones, del orden inscrito en los cloroplastos y en la doble hélice genética… Es la belleza de la propia dinámica evolutiva de la vida… Es el juego de dados divino... Es tanta la belleza observable en un pequeño planeta visto un poco de lejos (esta vez a 1,33 segundos luz)…
... Que sigue siendo factible, inducible, la mirada extasiada a tanta hermosura y, desde ella, asumir la existencia de la propia Belleza divina, de un Dios estético, que es Belleza misma y -Amor (1 Juan, 4:8)
"Ex divina pulchritudine esse omnium derivatur"
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Estimado amigo: Muy acertados e interesantes como siempre tus comentarios, sobre la belleza del universo. Pero querría añadir que a la gran atracción que suscita la inmensidad y estética del universo, se contrapone el ambiente totalmente hostil el hombre, que supone estar por encima de la atmósfera que nos protege y permite la vida, creo que tan solo 12 Kms sobre la superficie terrestre. La idea que han transmitido de que en 2032 estará operativa la primera estación lunar con humanos permanentes, me parece utópica y propagandística.
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias por su comentario.
EliminarEfectivamente, la belleza no se contempla. Es ahogada por un pragmatismo que, en el mejor de los casos, es espistémico - aplicativo y, en el peor, estratégico de unos contra otros. Probablemente no sea tan utópica la idea de bases lunares con objetivos de explotación de materias primas.
Un abrazo !!
Hace escasos días estuve leyendo a Steiner, “En el castillo de Barba Azul”, en cuyas páginas, este hombre maravilloso e imprescindible escribe acerca de la teoría de la cultura occidental. Steiner analiza el período del gran tedio, la ennui, posterior a la aceleración vertiginosa de las décadas de 1790 hasta 1820, la gran epopeya, y que alcanzaría hasta 1914. Para Steiner, en ese siglo surge una tristeza y un resentimiento ante la realidad burocrática en que se había convertido la expectación real de un nuevo mundo, de una nueva creación. Es en esa época de tedio donde se originan buena parte de las inhumanidades que vomitaría el siglo XX. Recordemos la frase de Gautier: ¡Antes la barbarie que el tedio!
ResponderEliminar“La vida de Churchill cubrió el lapso que va desde una batalla librada en Omdurman a caballo y con sables, de una manera casi homérica, hasta la fabricación de la bomba de hidrógeno”. En la ópera de Bartok, Judith pide que se abra la última puerta, la que da a la noche. El desarrollo científico y técnico, la computación, los bancos de datos, la gramática del número, nos sitúan, irremediablemente, ante cuestionamientos éticos que nos revuelven y ante los que quizás no seamos hoy capaces de sobrevivir. Sin embargo, “dejar una puerta cerrada sería no sólo cobardía sino una traición -radical y automutiladora- hecha a la postura de nuestra especie que es inquisitiva, que tantea, que se proyecta hacia delante”. Steines dixit.
La verdad, al contrario que la belleza, no tiene compasión. La belleza de la música (seguramente no hay una forma de creación más bella y universal comparable a la melodía), el arte en general nos ampara de nosotros mismos. Quizá la belleza no sea sino una convención urdida desde el principio de los tiempos para sostenernos en aparente equilibrio, y continuar. Continuar con nuestras grandezas, siendo tan pequeños.
Muchas gracias, Javier. Un abrazo enorme.
Miguel.
Querido amigo, Tu comentario es, como siempre, de gran lucidez. Dices, por ejemplo, que “La verdad, al contrario que la belleza, no tiene compasión”. Tan es así que hasta se prostituye la concepción de lo bello. Por ejemplo, si los médicos se refieren a un paciente como un “caso bonito”, mala cosa; el pronóstico será funesto si se le concibe como “caso precioso”.
EliminarTienes razón en todo lo que dices y, sin embargo, me quedo, quizá muy osadamente, descontextualizándola, con el final de la conocida Oda de Keats, “Verdad es Belleza, Belleza Verdad”.
Pero hay Belleza y Belleza. Me es imposible preguntarme por aplicaciones pragmáticas a la Medicina de estructuras subcelulares como las mitocondrias, de todo lo que reúne un difícil equilibrio de fragilidad y complejidad necesarios para la vida.
Del mismo modo, extrapolo quizá de modo insensato, pero que creo absolutamente, a Dios mismo como Amor y Belleza absolutos. Bueno, todas estas cosas dan para hablarlas próximamente.
Gracias por tu atención constante al blog.
Un fuerte abrazo !!
Querido Javier: la belleza de la imagen terrestre tiene su contrapunto en quienes la habitan. Si para un ateo es ya difícil creer en Dios, este momento histórico lo hace aún más difícil. No obstante, la belleza subsiste en muchos lugares del mundo. Si Dios existe, esperemos que nos ayude a conservarla. Un abrazo, Gustavo
ResponderEliminarQuerido Gustavo,
EliminarGracias por tu comentario.
A mí me parece que la creencia en Dios, como fe / esperanza, es un don del propio Dios, que cada cual podrá acoger en mayor o menor grado o en ninguno. ¿Por qué una persona determinada es atea o creyente? No deja de ser un enigma. Yo traté en este post de la importancia que tuvo para mí siendo muy joven una especie de misticismo asociado a la belleza proporcionada por la ciencia, y del atractivo que ejerció la figura de Jesús.
Pero ese Dios estético, ese amor de Cristo, he de confrontarlo ahora, siendo mayor, con la cruz, con el sufrimiento inútil de este "momento histórico", abundante en estupidez criminal, algo que recuerda el horror industrializado de Auschwitz y el silencio de Dios.
El viejo problema de la Teodicea, en el que nunca llegué a reflexionar, se me hace ahora, al envejecer, un problema serio.
Un abrazo !!1
Javier
Es fascinante vernos en perspectiva, lo pequeño que es nuestro mundo en la inmensidad del Universo. En muchas ocasiones, lo inmenso que parecen nuestros problemas cotidianos nuestra cruz, y visto en perspectiva lo pequeño que se ve, nuestro mundo, nuestra vida... El maravilloso mundo de las escalas, desde la inmensidad del Universo a algo tan ínfimo como lo cuántico, y en medio nosotros, nuestro ser tratando de comprender todo y medir todo, un poco como la anécdota de San Agustín tratando de comprender la S.Trinidad y el niño en la playa...
ResponderEliminarGracias amigo Javier por tus reflexiones.
Un abrazo. T.D.