Este blog parte del juego entre el recuerdo y el olvido. Es así como se inicia. Entre la amnesia y la hipermnesia, una memoria que abarca lo pertinente biográfico sostiene la posibilidad de reflexión, de mirada a todo lo que nos incumbe, sea como profesionales, como ciudadanos y, esencialmente, como sujetos, intentando siempre defender aquello que propiamente nos hace humanos frente a cualquier intento deshumanizador.
jueves, 18 de diciembre de 2025
Navidad 2025
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El Autoritarismo Científico
Estética de la Ciencia
Una mirada a la Ciencia, la Medicina y la Espiritualidad
sábado, 1 de julio de 2023
La exuberante belleza cotidiana.
" El estremecimiento es la parte mejor de la humanidad. Por mucho que el mundo se haga familiar a los sentidos, siempre sentirá lo enorme profundamente conmovido." (Goethe)
De tanto verla, no apreciamos la belleza que abraza la complejidad de lo viviente, desde el orden molecular hasta formas macroscópicas de un tamaño que nos empequeñece, pasando por la estructura de una simple hoja de hierba o un árbol. Belleza existente que es tan variada como exuberante, en cierto modo enorme.
La vida tardó en concebirse por los científicos como atomística, triunfando ese criterio con la teoría celular. Lo fluídico era más visible y más extrapolable, pero quedó restringido al intercambio de múltiples moléculas nutrientes o sintetizadas entre células distintas, con circuitos vasculares con corazón, como la circulación sanguínea, o sin él como las riadas microscópicas que conducen el floema y el xilema vegetales a lo largo de enormes gradientes, jugando con la gravedad o desafiándola, en un juego de presiones que asombra.
Nada más demostrativo de lo individual celular que una bacteria, en aparente contraste con los tejidos formados por células eucarióticas. Y, sin embargo, siempre se da un juego interactivo entre individuos aparentemente aislados hasta tal punto que, a veces, formas nuevas de vida emergen como simbióticas, y lo más discreto, lo bacteriano, puede dejar de serlo en la práctica por un sentido de quorum que, de un modo extraño y complejo de comunicación molecular restringida a umbrales, propicia una acción conjunta cuasi-tisular “decidida” mostrada en diferentes modos, algunos molestos para nuestra salud, otros bellísimos como la bioluminiscencia.
Belleza utilitaria de las flores para favorecer la polinización entomógama. Belleza que percibimos en nuestro espectro óptico, diferente al sentido por una amplia variedad de insectos que a las flores se acercan. Belleza en animales tan distintos como los corales, las águilas, los insectos o los gorriones.
La riqueza de formas se realza con los colores que surgen acompañándolas. Simetrías y asimetrías a veces conjugadas armónicamente, frecuentes relaciones fractales, muestran una amplia variedad de formas brillantes, de relaciones alométricas y cromáticas, en cualquier lugar. La vida y su belleza lo inunda todo, incluyendo el medio urbano, siendo demasiadas veces desapercibida.
La ciencia nos permite ver más y más belleza en la vida que nos rodea y constituye mediante su mirada microscópica, molecular, biofísica y matemática. Realza y amplía la perspectiva poética, como defendía el gran Feynman, hasta que uno reconoce que no hay palabras para describir lo que cotidianamente ve sin ver.
Toda esa belleza que abarca desde el uso de fuentes de baja entropía como los fotones solares en los cloroplastos para la fotosíntesis, hasta la construcción de un embrión con todo lo que supone de diferenciación topológica y organización de distintas diferenciaciones celulares fisiológicamente coordinadas en el tiempo, nos interroga sólo si estamos abiertos, receptivos, a las preguntas que la vida nos hace.
Decía François Cheng que “la belleza es misterio porque el universo no estaba obligado a ser bello”. Es un postulado discutible, hermoso en sí mismo, y que parece implicar una perspectiva del principio antrópico en el orden estético y no en el modo epistémico. Y ese misterio no demuestra nada, sólo sugiere…o no. Ese misterio, ese "mirum" de la belleza natural asociada a lo complejo en una discreta banda de órdenes de magnitud en el seno de los que en el espacio – tiempo se desarrolla el universo, no demuestra nada, pero a mí, como a otros, nos sugiere fuertemente un sentido amoroso, inefable, poético, sagrado.
Se necesita más ciencia para elucidar los grandes problemas de la vida, especialmente los que afectan a nuestra salud y nuestra comprensión del mundo vivo y su evolución, pero no nos bastará con la ciencia para apreciar lo que, a pesar de evidente, parece no creíble, la belleza del mundo de la vida. Es así absolutamente imprescindible la mirada poética, aunque “sólo” sea para ayudar a Dios, como tan particularmente decían, aludiendo a su posición, Rilke y Etty Hilessum.
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lunes, 30 de enero de 2023
Morir es sólo morir...
Imagen tomada de Pixabay
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
(J.L Martín Descalzo)”
“No soy joven, y amo la vida. Pero me despreciaría si temblase de terror ante un pensamiento de aniquilación” (Bertrand Russell)
"Esta inminencia de una revelación que no se produce es, quizá, el hecho estético" (Borges)
Estas entradas al blog se producen, o no, como algo un tanto autónomo; siempre son rápidas, no las corrijo en general. Fluyen o no.
Sin saber por qué, hoy tuve una intuición, creo que moriré, que no es lo mismo que saberlo de siempre, de verlo como natural en otros, en sus esquelas, obituarios, tanatorios, noticias... También creo en lo que me más me acongoja, en que morirán los demás a quienes quiero.
Es decir, creo lo que parece asumible en otros, desconocidos, pero no en los más cercanos y en uno mismo, creo que esto, la vida, la familia, los amigos, el trabajo, el mundo… se acabará para uno, para todos quienes lo rodean, en un día vulgar para la inmensa mayoría, en un día vulgar incluso para quien muere.
Podría decirse que eso es una "boutade", que sabemos de sobra que moriremos, pero la ignorancia sobre el cuándo y el cómo facilita que ese saber desaparezca de la vida cotidiana o que, por el contrario, se haga creencia, en el sentido en que me parece que lo expresó Lacan ("La mort est du domaine de la foi. Vous avez bien raison de croire que vous allez mourir bien sûre; ça vous soutient.").
No me haré predicciones probabilísticas al estilo del principio de mediocridad de Gott. ¿Serviría de algo? Además, nadie es mediocre, aunque haya empeños abundantes en conseguirlo.
¿Sirve para algo “mirarse”, “controlar” los factores de riesgo, llevar una vida “sana”? Estimamos que sí, pero desde una mirada probabilística frecuentista, no bayesiana. Uno se vigila, atiende a todo tipo de alarmas de sus órganos y, al final, el signo menos inquietante resulta fatal o ni se muestra siquiera, apareciendo una repentina catástrofe. No es extraño siquiera que un médico especialista en algo muera precisamente de ese algo en vez de sucumbir a otra cosa, como si su atención específica apuntara a algo determinista. Lo inconsciente acierta en general y la prudencia elemental puede ser descartada.
Morirse parece a veces un milagro negativo con tintes de injusticia. ¿Cómo es posible? Con el bien que hizo, con lo buena persona que era, y acabar tan pronto (siempre es pronto) … bajo tierra, en la inhumación clásica, o en un “mix” tierra-aire con la cremación, incluso en forma de cuerpo desaparecido.
Conozco creyentes teístas y deístas, a agnósticos y a ateos. Admiro a dos personas que ya se fueron a la otra orilla, José Luis Martín Descalzo, sacerdote, y Bertrand Russell, más bien ateo. Respeto especialmente, aunque no la comparta, la perspectiva de aniquilación final (“vuelve el polvo al polvo”). Cada cual ha de buscar su camino hacia el misterio, hacia el posible significado, y no siempre la creencia lo facilita o inmuniza ante lo aparentemente absurdo. Creer en Dios, haberlo percibido, no neutraliza la angustia en absoluto; hasta el propio Jesús vivió la tristeza más brutal y el absurdo del abandono.
Y, sin embargo, el milagro no es ese, no es morir, porque “morir se acaba”. El milagro es haber nacido. No se trata de un milagro como vulneración de la legalidad física, sino de uno de tantos “mirabilia” que nos conforman y que vemos (sólo si prestamos atención), aunque no nos los creamos por su abundancia. Se dice que se cree en lo que no se ve, pero la dificultad reside más bien en creer lo que vemos, porque resulta casi imposible asumir que, en un instante de la historia del mundo, lo hemos percibido, hemos caído en la cuenta de la propia posibilidad ética en el gran contexto armonioso, estético. Hoy mismo Venus lucía al atardecer. Precioso, haciendo tentadora una visita no factible todavía y que revelaría el carácter casi infernal de ese planeta próximo.
Y milagro todavía mayor es volver a nacer, como le sugería Jesús a Nicodemo, aunque uno sea viejo, eso que equivale a una conversión, a una metanoia desde la visión auténtica de las cosas, del mundo y de uno mismo. Un cambio en la propia perspectiva de un tiempo que deja de ser cronológico. Hay muchos tiempos, el filosófico, el psicoanalítico, el estético, el místico... todos ajenos a Kronos, pertenecientes a Aion y, a veces, contadas, a Kayrós, como en la decisión ética.
Ante lo que importa, la muerte es mera anécdota. Lo mostraron Sócrates y muchos más. La muerte heroica valora, por ejemplar, la vida.
Si el nacimiento de un niño requiere unos nueve meses, el renacimiento de un viejo puede precisar un simple instante eterno, el que lo enfrenta a la posibilidad de oír el viento, aunque no sepa de dónde viene ni a dónde va.
Siempre tenemos tiempo antes de morir. Basta con mirar, con dejarse penetrar por la belleza del cosmos, de la impresionante, indescriptible e irreductible a ecuaciones manifestación del Ser, del Amor, a pesar del absurdo creado por lo que es humanamente demoníaco, diabólicamente humano.
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jueves, 28 de noviembre de 2019
Hoy
Sie blühet, weil sie blühet.
Hoy es un día gris. Llueve. Y, curiosamente, toda esa capa de nubes, la aparente ausencia de colorido que provoca, puede facilitar la atención a lo que esta más allá y de lo que, a la vez, somos parte. Todo se hace lejano e inmediato a la vez.
A pesar de lo cotidiano, de su rutina, puede recordarse por un momento todo el luminoso universo en el que estamos inmersos. Lo inconcebible real se vislumbra y asombra, la belleza paraliza y permite el instante en que la singularidad de lo eterno parece accesible.
Innumerables galaxias que forman grupos locales, que se alejan entre sí, albergan millones de estrellas. Gigantes rojas, enanas blancas… el diagrama de Hertzsprung-Russell sugiere un tanto toscamente una dinámica de miles de millones de años.
Hoy ya no es hoy. Solo hay un ahora cósmico, total, incluido misteriosamente en un tiempo desmesurado que alberga una belleza que es infinita a nuestros ojos.
La densa capa de nubes, la lluvia incesante, no ocultarán del todo la luz de una de tantas estrellas, la nuestra, el hermano sol, que, aunque no lo veamos, permitirá que la vida prosiga.
En cualquier brizna de hierba u hoja de árbol la fotosíntesis seguirá poniendo en marcha la construcción de lo complejo. La baja entropía asociada a los fotones solares que iluminan la tierra irá aumentando en los procesos de una cascada nutricia que permite la vida. El orden de lo viviente es posible porque aumenta el desorden universal. La segunda ley es respetada. El milagro reiterado, abundante, reside en la ausencia aparente del milagro mismo.
Las gotas de lluvia nos recordarán que el agua reconocible, sensible, molesta pero necesaria y gozosa, es posible desde la delicadeza de la estructura dipolar de sus moléculas, que permite la fluidez de su conjunto, manando en fuentes, formando ríos y océanos, bañando nuestro cuerpo y calmándonos la sed. Uno de los primeros elementos imaginados por los griegos no lo es propiamente desde la óptica científica, pero lo sigue pareciendo por esencial.
La lluvia y el mar aluden a esa identidad de lo exterior con nuestro medio interno en el que se bañan las células y por el que son permeadas para permitir en su seno multitud de reacciones químicas complejas, cuyo conjunto no parece acabarse nunca. Una poderosa maquinaria sintética asociada a destrucción cursa en un ámbito en el que los procesos físicos se dan a distintas y concatenadas duraciones temporales, desde las difusiones más simples o facilitadas linear o superficialmente, hasta la entrada en mitosis, pasando por la generación de gradientes eléctricos.
El propio arco iris, permitido por el agua atmosférica con la que juega la luz solar, fue la imagen mítica de una alianza divina. Hoy nos muestra una armonía que nos acoge y nos recuerda que de esa agua, del mar, hace millones de años, extraños antecesores nuestros emergieron para llenar la tierra de vida animal. Surgió un rico exceso de variabilidad abierta a la contingencia por la que extinciones masivas tuvieron efectos colaterales tan interesantes como nuestra propia aparición.
El enigma científico espera a ser resuelto, pero el misterio no reside en lo aun inexplicable sino que surge de lo ya conocido, en lo imposible y sin embargo visto una y mil veces como realidad. Las hermosas ecuaciones de Maxwell y la extraña mecánica cuántica no anulan sino que realzan la belleza que la luz, región minúscula del espectro electromagnético, muestra, iluminando nuestra tierra. Es esa belleza de una luz en sentido amplio (la que abarca todo el espectro) la que nos habla de la composición química de las estrellas y de sus distancias y velocidades.
Pronto empezará el invierno. Ritmos estacionales cobijan otras danzas cíclicas, fases lunares, ciclos menstruales, ritmos circadianos, pulsaciones cardíacas, acortamiento de telómeros...
La sombra que, de día, proyecta un gnomon, sea un obelisco o un palo cualquiera, permite situarnos geográficamente en nuestro suelo, saber de nuestra latitud, del discurrir de estaciones, y construir una astronomía y una geografía iniciales. Pero serán la hermana luna y la danza de los planetas las que que dirijan nuestra mirada histórica a las puertas del misterio que tiene su lugar en la noche. Es desde las tinieblas que la luz se esperará y, con ella, la transformación mistérica, mística. El choque de los calendarios solar y lunar acabará armonizándose matemáticamente y la posibilidad mística será mayor de lo que fue.
Los ciclos astronómicos subyacen a los míticos, con una repetición que instaura una y otra vez el renacimiento posible, sosteniendo nuestro ánimo frente a la seguridad de un tiempo longitudinal en el que seremos llevados hacia la muerte. También aquí el agua como río es una buena analogía del flujo de vida en el que nos bañamos durante un tiempo insignificante en la historia del mundo, pero significativo a pesar de todo para cada vida; a veces, para varias. “Quien salva una vida salva el mundo”, se dice en el Talmud.
Es esa muerte, tan cotidiana vista en los demás, al mirar las esquelas y tumbas, lo que se presenta como el gran misterio propio más allá de imaginar una clausura biográfica. Un misterio que, sin embargo, parece más asimilable que el que supone que un día hayamos nacido y tengamos la posibilidad de renacer del mejor modo a lo largo de una biografía, en la que lo importante no es lo cuantitativo de su duración sino lo cualitativo de una posible eudaimonia.
Saber de la muerte no minusvalora la vida, sino que la realza desde el desconocido límite que le confiere, mostrando la gran posibilidad del deseo singular realizable.
Y después… Después el tiempo se acabará en la nada o en el amor. ¿Por qué no? Hay mucha belleza que sugiere eso, que el amor es más fuerte que la muerte, que el galopar de los caballos salvajes permanecerá, que los gorriones seguirán revoloteando, que "la rosa florece porque florece", que nada bueno será perdido definitivamente.
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sábado, 12 de enero de 2019
LA MIRADA. Cuando la fotografía llega al alma.
Ya se sabe, una foto vale más que mil palabras, algo que muchas veces es mentira, porque el parloteo excesivo puede llegar a asfixiar la verdad pixelada; a pesar de las imágenes que muestran a judíos fregando las calles de la culta, de la romántica Varsovia, sigue y seguirá habiendo negacionistas, todos esos que confirmarán otra vez que la Historia nunca se aprende y sólo se repite. El otro, el gran enemigo, seguirá siendo fotografiado y negado.
Desde los álbumes de fotos familares hasta los “gigas” o “teras” de imágenes obtenidas con móviles y captadas para no ser vistas nunca, el milagro fotoquímico persiste mejorado, electrónico. La fotografía permanece más allá de otras aventuras tecnológicas. Hasta los videos, como los CDs, parecen haber pasado a la historia tras una vida breve.
Una pintura puede determinar una vocación. Una foto puede retomar el instante eterno.
Estos días hay una exposición en mi ciudad, en A Coruña. Se trata de una colección de fotos de Pepe Ventureira. Ayer fue inaugurada en "El Club Financiero", que suele acoger exposiciones muy interesantes.
Fue presentada por un amigo común, profesor de Filosofía, Freire Leira, con hermosas y exactas palabras que aludían a lo que tal exposición suscita: belleza y nostalgia.
En esas imágenes se percibe algo original, singular, sustentado por una amorosa y elaborada técnica que las hace posibles. Se trata de una mirada que facilita a su vez la mirada de cada uno. Una mirada que lo es al instante eterno, plasmado en nebulosa, pues no se intenta una métrica, un isomorfismo entre lo real (¿qué será lo real?) y un negativo fotográfico, sino que parece atenderse a la pura evocación que, como tal, es necesariamente indefinida. Indefinida y persistente, algo que mueve y conmueve.
Parece que la imagen directa lo diría todo, sea de conexiones neuronales, de dibujos paleolíticos o de un rascacielos. Ah, la imagen... Estamos inundados de imágenes y de promesas salvíficas asociadas a ellas. El conectoma, por ejemplo, parece incurrir en la tentación de la verdad manifiesta, pero la verdad se aleja siempre, especialmente en lo que apunta al alma, que requiere algo más, algo que hace confundir lo aparentemente real de la foto con lo simbólico de la pintura.
“La ciudad” es una exposición de una selección de fotos de eso, de la ciudad, de la polis, que es el propio Estado al que uno realmente pertenece, cada vez más alejada del ámbito acogedor. En este caso, se trata de la ciudad del autor, que es también la mía, la de quienes aquí habitamos.
Calles, barrios, monumentos, paseos modernos, alguna persona aislada de quien no sabemos nada… hacen reverberar algo en nosotros, en cada uno, de uno en uno, porque cada foto remite a fin de cuentas a un impacto singular que presiona e impresiona. Los cielos foto-grafiados, sublimes, resuenan con la pintura de Turner, algo a lo que también se refirió en su presentación el profesor Freire.
Las imágenes mostradas no son sólo de recuerdos, sino de presencias, de permanencias. No son sólo para evocar, sino para vivir mejor la propia vida, sabiendo que cada rincón, cada día, son perennes porque nos han pertenecido y, a la vez, aunque parezca paradójico, dinámicos, vitales, porque nos siguen y seguirán perteneciendo... aunque no estén, incluso aunque no estemos.
Esas fotos nos recuerdan, a fin de cuentas, que vivimos, y este término, en lengua castellana, corresponde tanto al pasado como al presente de eso, de la vida. Desde esa perspectiva será posible un futuro mejor, que pasa necesariamente por lo que está a mano, por cada entorno, por cada ciudad.
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sábado, 26 de agosto de 2017
CIENCIA. Deseo y mirada.
“Los líquenes dieron con esta sabiduría cuatrocientos millones de años antes que los taoístas. Los verdaderos maestros de la victoria mediante la sumisión en la alegoría de Zhuangzi son los líquenes que se aferraban a las paredes rocosas alrededor de la cascada”. David George Haskell.
A Simon Schwendener no le resultó fácil convencer a sus colegas en 1869 de un gran descubrimiento. Había mostrado que los líquenes son organismos compuestos, hongos que conviven con algas microscópicas, desbaratando así la idea de lo individual, lo discreto, como único modo de vida. El beneficio mutuo recibido por los dos componentes dio lugar a que Albert Frank y Anton de Bary propusieran el nombre de simbiosis para tal asociación.
Kerry Knudsen tiene ahora 67 años. Siendo muy joven se emancipó para vivir en comunas anarquistas y durante un tiempo se dedicó a escribir poesía y a tomar LSD. A los veinte años, empezó a trabajar en la construcción. Un problema vascular en sus piernas le obligó a dejar su trabajo cuando tenía 52 años. Le gustaban las plantas y decidió estudiar Botánica de modo autodidacta. Finalmente se implicó en un proyecto de investigación sobre líquenes en el desierto de Sonora. Esa afición fue fructífera, pues en sólo 15 años descubrió más de 60 especies de líquenes y su colección consta de miles de especímenes.
Un líquen, Bryoria fremontii, sirve de alimento a indígenas del noroeste de Norteamérica, mientras que otro parecido, Bryoria tortuosa, es venenoso por sintetizar ácido vulpínico. Otro autodidacta apasionado de los líquenes, Trevor Goward planteó que las diferencias entre ambas especies podrían residir en que ambas albergaran una tercera forma de vida, una bacteria.
Toby Spribille se hizo a sí mismo autodidacta en un ámbito de fundamentalismo religioso poco propicio a la ciencia. Fue afortunado al ser acogido, sin un adecuado curriculum de presentación, en la prestigiosa universidad de Götttingen Años más tarde él y otros pusieron a prueba la idea de Goward y, aunque descartaron la presencia de bacterias, observaron que ambas formas del líquen albergaban en distintas cantidades otra forma de vida, un basidiomiceto. Es decir, un líquen no era sólo cosa de dos, sino de tres especies en juego. Este hallazgo revolucionario se publicó en Science en julio de 2016.
La importancia de los líquenes es crucial en la intrincada red de la vida. Pero no trato aquí de contemplar a los líquenes sino de reflexionar sobre quienes los observan, porque ponen de relieve la importancia de la mirada.
Vivimos una época de extremo reduccionismo enmarcado en la metáfora informativa. El DNA es considerado, no sin fundamento, como elemento clave, y pareciera que todos los avances en Biología y Medicina pasan por secuenciaciones y más secuenciaciones del DNA de las distintas especies y sus variantes. En el caso humano, costosos estudios de “fuerza bruta”, los Genome Wide Associations, intentan reducir lo psíquico a una secuencia de bits, analizando, por ejemplo, qué variantes (generalmente de nucleótido único o SNP) se relacionan con algo tan poco “medible” como la inteligencia.
Contrasta con ese reduccionismo la mirada fenotípica, al estilo de los grandes naturalistas como Humboldt.
Esa mirada es necesaria pero no es por necesidad que se da, sino que surge más bien del asombro, de la curiosidad personal y del deseo de satisfacerla, de un deseo suscitado por la belleza natural. Y es que los líquenes, los musgos, las abejas, incluso árboles más viejos que la historia humana, toda la vida que nos rodea, es, sencillamente, maravillosa en su forma y en su complejidad extendida desde la escala molecular hasta la macroscópica.
Es por eso que un libro como el de David George Haskell, es tan científico que se hace poético, mostrando en una gran cantidad de ejemplos la afirmación de Feynman cuando dijo que la ciencia no sólo no perturba la contemplación estética de una flor sino que la realza.
Los ejemplos aquí mostrados no son únicos. Afortunadamente abundan. Muchas veces, aunque parezca paradójico, sólo desde la ignorancia es posible el avance. Cuando Leonard Adleman oyó hablar del ADN, le importó muy poco lo que de esta molécula le dijeran desde el punto de vista biológico. Vio en ella la posibilidad de un nuevo modo de computación. Y haciendo uso de polinucleótidos, polimerasas y ligasas, pudo resolver un problema difícil (de los que llaman NP-completos): el camino hamiltoniano de siete nodos, o dicho de modo más coloquial, el problema del viajante. No vio genes en el ADN, sino un ordenador en paralelo. Su mirada, surgida desde el desconocimiento de la genética, desde una ignorancia que la facilitó, fue distinta y original.
Vivimos una época triste para la ciencia porque, con pretendidos criterios de eficiencia basados en índices de impacto y demás medidas de “calidólogos” bibliométricos, con una educación presencial obligatoria para oír frecuentes lecciones anodinas y prescindibles, y demás tonterías burocráticas, venda los ojos, impide la mirada libre, entusiasmada, a un mundo misteriosamente bello.
Sólo el deseo es vehículo de lo humano. Lo es, en el caso de la Ciencia, dirigiendo la mirada. El deseo trata de recuperar la mirada ingenuamente abierta, inquisitiva y bondadosa de la infancia frente a un infantilizado contexto cientificista que pretende constreñirla.
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viernes, 2 de septiembre de 2016
El recuerdo del cuerpo.
Post dedicado a Venancio Salcines, que lo inspiró con una pregunta.
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miércoles, 20 de abril de 2016
Sin lugar para la angustia. La sal de la tierra.
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