viernes, 10 de julio de 2015

El olvido del sujeto. Análisis y Psicoanálisis.

Peter Gay nos dice que Freud “utilizó por primera vez el decisivo término psicoanálisis en 1896, en francés y después en alemán”.

¿Por qué eligió ese término? Tal vez por su propia biografía científica. Freud había trabajado en el laboratorio estudiando gónadas de anguilas. Puede parecer un trabajo extraño o banal pero todo trabajo científico riguroso acaba haciendo uso de lo más aparentemente banal. El gran científico (también cientificista) Sydney Brenner, premio Nobel, es reconocido mundialmente, entre otros muchos logros científicos, por mostrar que un vulgar nematodo, el “Caenorhabditis elegans” es un excelente modelo experimental. 

Freud no estaba destinado a seguir en los laboratorios, pero su paso por ellos, sus lecturas iniciales, como la del libro de Goethe sobre la naturaleza, y la inmersión en un ambiente claramente empírico en el que se oían las voces de Brücke, Helmholtz o Virchow hicieron de él un científico y, como tal, un observador atento que analiza la naturaleza.

Análisis (ἀνάλυσις) es una hermosa palabra, relacionada con λύειν, la acción de soltar, de descomponer, de resolver algo en sus elementos constituyentes. Y eso se aplica a múltiples campos: análisis químico, espectral, matemático, dimensional, sintáctico…

Pero, ¿por qué analizar? En ocasiones, sólo para saber; en otras, con finalidad utilitaria. En Química, análisis y síntesis guardan una íntima relación. En otros ámbitos, como la Medicina, esa relación es menos obvia o nula. Pasar del análisis a la síntesis sería la gran utopía transhumanista: analicemos el cerebro y podremos sintetizar la mente o copiarla a un soporte informático. De momento, sólo es factible pasar del análisis a una cierta restauración, a una reparación de salud, que no es poco.

Los avances bioquímicos han transformado la semiologia médica; con unos pocos mililitros de sangre podemos evaluar funciones hepáticas, renales, riesgos cardiovasculares… e identificar genes alterados o procedentes de gérmenes invasores. También identificarnos como individuos, sólo como individuos, no como sujetos.

Hay algo que condiciona el valor de los tradicionales análisis clínicos. Exceptuando los cualitativos, generalmente dicotómicos, que indican si hay o no embarazo, presencia de virus VIH, VHC, etc., estamos ante niveles cuantitativos individuales cuyo valor informativo depende de una métrica lograda desde otro análisis, el estadístico. En ese sentido, el análisis químico de cada uno cobra valor en función del análisis de muchos, de lo que se llama “valores de referencia”, y también en términos de probabilidad bayesiana de enfermedad, obtenida desde la aproximación de ensayos clinicos y epidemiológica.

El análisis químico de nuestro organismo vivo, que puede abarcar con el tiempo el del cerebro mismo, nos muestra como un conjunto de medidas situado en una métrica de lo saludable, nos compara, pero no nos dice propiamente nada más allá de esa situación que, a veces, sirve para enfermar a sanos más que para curar a enfermos. El análisis químico, que abarca la química genética, nos dice algo sobre nuestro qué, pero nada sobre nuestro quién. Los grandes proyectos como el Human Brain Project o el BRAIN superarán viejas clasificaciones como el DSM pero sólo para clasificar mejor, para realzar el posicionamiento métrico, incluyendo una potencial segregación y haciendo renacer la tentación eugenésica.

El "revival" del positivismo hace más necesaria que nunca la perspectiva clínica que, más allá de situarnos, de clasificarnos, intenta curar a través del reconocimiento de lo subjetivo. Y ocurre que ese reconocimiento, ese recuerdo del sujeto, se resiste no sólo a lo medible de nuestro organismo particular, sino a la reflexión filosófica sobre nuestra posición en el mundo, pues el planteamiento filosófico parte demasiadas veces de una premisa infundada, la de nuestra libertad de pensamiento. 

Entre la creencia determinista cientificista y la supuesta libertad de pensamiento filosófico, la aproximación psicoanalítica centra las cosas, recuperando lo subjetivo y lo que lo condiciona. El psicoanálisis no es ajeno a las contingencias del acontecer biológico, pero se centra primordialmente en lo que biográficamente es determinante para cada cual sin que él mismo lo sepa, en su forma de situarse en el mundo como sujeto único, similar a otros pero irrepetible aunque él mismo se condene inconscientemente a una repetición de lo peor.

El psicoanálisis es modesto en su afán pero precisamente de esa modestia deriva su gran potencial, que trasciende la mera curación del síntoma que lo reclama. Requiere tiempo, calma, y humildad, lo que precisa cualquier aproximación seria al intento de cumplir el viejo mandato délfico. Freud lo expresó de un modo excelente: "wo Es war, soll Ich werden".

2 comentarios:

  1. Excelente.... abrire el curso pasando tu texto a mis alumnos de la UB.... Gracias..!!

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